Third Sunday of Advent / III Domingo de Adviento

It is interesting that St. Paul wrote the words of today’s second reading from his jail cell!
He tells us the secret to his joy regardless of the circumstances. He gives us a plan that, if we work it, will give us a deeper inner peace.
“Rejoice in the Lord always. I shall say it again: Rejoice! Your kindness should be known to all. The Lord is near.”
Of supreme importance in the Christian life is requesting, receiving, and cultivating the gift of the presence of the Lord. We too easily are forgetful of God’s presence. To become more aware of God’s presence is to be filled with joy and peace.
St. Paul mentions joy, but he also mentions kindness. The Greek word means to be gentle, mild, forbearing, fair, reasonable, or moderate. This type of kindness relaxes unnecessary strictness, in favor of gentleness, whenever possible. Such an attitude is common when one is joyful.
There are of course times when one should not easily give way. But often there is room the assumption of good will. A serene mind and spirit, which are gifts of the presence of God, can allow for this. There is an ability to allow things to unfold rather, than to insist on controlling conversations and manipulating outcomes to win on every point.
As we become more aware of God’s presence, and thus more serene and less conflicted within, we no longer need to shout at others, or to win all the time. We can insist on what is true, but can express ourselves more calmly. We are content to sow seeds, rather than insisting on reaping every harvest of victory.
Cultivating a joyful sense of the presence of God, and seeing the serenity that is it fruit, is a first step toward greater contentment.
“Do not be anxious about anything, but in everything, by prayer and petition, with thanksgiving, present your requests to God.”
There are very few things as destructive to our mental health as worry. Worry is like sand in a machine. Not only does it hinder the workings of the machine, it damages it. But simply being told not to worry isn’t very helpful. St. Paul is not simply saying, “Don’t worry.”
To the degree that we really experience that God is near, many of our fears subside.
The power of God is only a prayer away. God has a way of working things out. However, He may not always come when you want Him, or handle things exactly as you want. When I look back and reflect on my life, I can truly say that God has always made a way for me. None of my struggles and disappointments have ever destroyed me. If anything, they strengthened me.
Whatever it is, take it to the Lord in prayer. Ponder deeply how He has delivered you in the past, has made a way out of no way, and has drawn straight with crooked lines.
Let the Holy Spirit make you aware of God’s saving power in your life and recall how God has delivered you. These memories should give us serenity when we consider that prayer is effective, and an ever-present source of power.
So much worry dissipates when we experience that God is present and that His power is only one prayer away.
“… with thanksgiving …”
Thanksgiving is a way to count our blessings. Why is this important? Because too easily we become negative. Every day billions of things go right while only a handful go wrong. But we tend to focus on the few things that go wrong! This only feeds our anxiety.
When we count our blessings, we begin to become full of hope and confidence. Why? Because what you feed, grows. If you feed the negative, it will grow. If you feed the positive, it will grow. God richly blesses us every day, if we will only open our eyes to see it.
The next step is disciplining our fallen mind to see the wider reality of our rich blessings. This heals us and gives us great peace and a serene mind.
“And the peace of God, which transcends all understanding, will guard your hearts and your minds in Christ Jesus.”
As we begin to take these steps, our outlook improves. Gradually, serenity becomes a deeper reality for us. This serenity will not only be present, it will guard our hearts and minds in Christ Jesus. In other words, as this serenity grows, it screens out the negativity of this world, and the demons of discouragement. Having this peace allows us to see the Lord, and seeing the Lord deepens that peace. And the cycle grows and continues!
Do you want peace? Reflect on the Lord’s plan for you.
It all begins with the practice of the presence of the Lord, calling on His power and being grateful for His providence, and savoring His peace.

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¡Es interesante que San Pablo escribió las palabras de la segunda lectura de hoy desde su celda! Él nos dice el secreto para su alegría, independientemente de las circunstancias. Él nos da un plan que, si lo trabajamos, nos dará una paz interior más profunda.
“Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca.”
De suma importancia en la vida cristiana es solicitar, recibir y cultivar el don de la presencia del Señor. Nos olvidamos fácilmente de la presencia de Dios. Ser más consciente de la presencia de Dios es estar lleno de gozo y paz.
San Pablo menciona la alegría, pero también menciona la benevolencia. Esta palabra griega significa ser amable, suave, tolerante, justo, razonable o moderado. Este tipo de benevolencia relaja el rigor innecesario, en favor de la amabilidad, siempre que sea posible. Tal actitud es común cuando uno está alegre.
Por supuesto, hay momentos en que uno no debería ceder fácilmente. Pero a menudo hay que dejar lugar para reconocer la buena voluntad. Una mente y un espíritu serenos, que son regalos de la presencia de Dios, pueden permitir esto. Existe la capacidad de permitir que las cosas se desarrollen, en lugar de insistir en controlar las conversaciones y manipular los resultados para ganar en cada punto.
A medida que nos volvemos más conscientes de la presencia de Dios y, por lo tanto, más serenos y menos conflictivos en nuestro interior, ya no necesitamos gritar a los demás ni ganar todo el tiempo. Podemos insistir en lo que es verdad, pero podemos expresarnos con más calma. Nos contentamos con sembrar semillas, en lugar de insistir en una cosecha de campeones.
Cultivar un sentido gozoso de la presencia de Dios y ver la serenidad que es fruto es un primer paso hacia una mayor satisfacción.
“No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud.”
Hay muy pocas cosas tan destructivas para nuestra salud mental como la inquietud. La inquietud es como la arena en un motor. No solo obstaculiza el funcionamiento del motor, sino que lo daña. Pero simplemente que te digan que no te inquietes no es muy útil. San Pablo no está simplemente diciendo: “No te inquietes.”
En la medida en que realmente experimentamos la cercanía de Dios, muchos de nuestros temores disminuyen.
El poder de Dios está sólo a una oración de distancia. Dios tiene una manera de resolver las cosas. Sin embargo, es posible que Él no siempre venga cuando tú lo quieras, o que maneje las cosas exactamente como tú lo digas.
Cuando miro hacia atrás y reflexiono sobre mi vida, realmente puedo decir que Dios siempre ha hecho un camino para mí. Ninguna de mis luchas y decepciones me han destruido. En todo caso, me fortalecieron.
Sea lo que sea, llévalo al Señor en oración. Reflexiona profundamente sobre cómo Él te ha liberado en el pasado, ha logrado sacarte de donde no había salida y ha dibujado rectas en renglones torcidos.
Deja que el Espíritu Santo te haga consciente del poder salvador de Dios en tu vida y recuerda cómo Dios te ha liberado. Estos recuerdos deberían darnos serenidad cuando consideramos que la oración es efectiva y una fuente de poder siempre presente.
Tanta inquietud se disipa cuando experimentamos que Dios está presente y que su poder está a solo una oración de distancia.
“…llenos de gratitud.”
La gratitud es una forma de contar nuestras bendiciones. ¿Por qué es esto importante? Porque con demasiada facilidad nos volvemos negativos. Todos los días miles de millones de cosas van bien, mientras que solo un puñado salen mal. ¡Pero tendemos a centrarnos en las pocas cosas que salen mal! Esto sólo alimenta nuestra inquietud.
Cuando contamos nuestras bendiciones, comenzamos a llenarnos de esperanza y confianza. ¿Por qué? Porque lo que alimentas, crece. Si alimentas lo negativo, crecerá. Si alimentas lo positivo, crecerá. Dios nos bendice ricamente todos los días, si solo abrimos los ojos para verlo.
El siguiente paso es disciplinar a nuestra mente caída para ver la realidad más amplia de nuestras ricas bendiciones. Esto nos sana y nos da una gran paz y una mente serena.
“Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”
A medida que comenzamos a dar estos pasos, nuestra perspectiva mejora. Poco a poco, la serenidad se convierte en una realidad más profunda para nosotros. Esta serenidad no solo estará presente, sino que guardará nuestros corazones y mentes en Cristo Jesús. En otras palabras, a medida que esta serenidad crece, elimina la negatividad de este mundo y los demonios del desaliento. Tener esta paz nos permite ver al Señor, y ver al Señor profundiza esa paz. ¡Y el ciclo crece y continúa!
¿Quieres la paz? Reflexiona sobre el plan del Señor para ti.
Todo comienza con la práctica de la presencia del Señor, invocando su poder y agradeciendo su providencia, y saboreando su paz.

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