Easter / Pascua

“As the first day of the week was dawning…”
Note that as this Gospel of Easter morning begins, it is still quite dark. With hope, the new day was dawning. But next, there is a great earthquake! Frightening as it may seem, it serves only to draw these women deeper into the Paschal mystery and toward the risen Christ.
Sometimes God must shake things up to open new doors, and new vision, in our lives too. We are at the dawning of a new day. And so, this earthquake is not to destroy, but is to open the tomb that has claimed our Lord. And to open tombs that have claimed us, emotionally, spiritually, mentally, and physically.
Notice that the women haven’t seen Jesus yet, or even heard that he is risen. There is only this earthquake. But it has a purpose. Yet for now, it is barely dawn and things are still very unclear to them.
“Then the angel said to the women in reply, ‘Do not be afraid! I know that you are seeking Jesus the crucified. He is not here, for he has been raised just as he said. Come and see the place where he lay.’”
The angel summons them to deeper faith. He says, “Do not be afraid.” Now, to most of us, this may seem to be a line we often hear when others perceive us to be anxious. And frankly, when others say this to us, it is both annoying and unhelpful. But in this case, the angel presents a basis for their faith to grow and their anxiety to dissipate.
That they should not be anxious or afraid is rooted in the Lord’s promise. The angel is reminding them that the Lord had promised to rise on the third day, and that he has done just as he said. The Lord, who had raised others from death and healed multitudes, has now done exactly what he promised. The angel summons them to grow in their faith by pondering the Word of Jesus Christ, and coming to trust in His promise.
The angel also presents evidence to them: the empty tomb. He invites them to connect the dots between the promise of Jesus and the present evidence of an empty tomb.
So, it’s getting brighter, by the power of God’s Word, as they apply it to their present situation.
Anxiety begins to diminish when we begin to connect God’s Word with what is happening in our life. We start to notice the empty tombs, the many signs of God’s favor and blessing. Things start to add up and we begin to connect the dots between faith and experience. And as we do this, it gets brighter and our faith grows stronger.
So, having been instructed in the Paschal mystery, and having grown deeper in their faith, the women are sent by the Lord to inform others. An interesting aspect of teaching is that we often learn more by teaching than we ever learned as a student. We grow in our faith as we begin to teach and testify to it. Simply the acts of teaching and witnessing cause us to grow.
But note the words of the angel, “Behold, I have told you.” The true faith is received from God, not invented by us. Do not go and invent your own faith; that is a very bad idea! We receive the faith from God through the Church, and through the Scriptures approved by the Church. These women had first been instructed by God’s angel, and only after that, they are told to go and tell the disciples. Our faith comes from what is heard and then we pass on what we have heard.
So, these women are sent. But note, they have not yet personally seen the Risen Lord. That comes next, when, as they go, they have a great breakthrough.
“And behold, Jesus met them on their way and greeted them.”
In this moment, they go from inference to experience. Inference is knowledge based only on what others have said. But experience includes personal witness. Experience means that I myself can personally vouch for the truth of what I proclaim. Inference is a necessary stage of our faith: do not go and invent your own religion. But the Lord invites us deeper, to more personally experience the truth of what the Church has always proclaimed, and what the Scriptures have always announced.
These women have heard from the angel that Jesus is risen, and they receive the teaching with joy. But, on the way, on the road of their lives, they come to personally meet the risen Lord Jesus Christ. Suddenly the truth of what they have been taught is made quite personal to them. They experience it as real. They have gone from inference to experience. And now they will tell not only what they have heard from others, but also how they have personally experienced the living Lord Jesus.
We are invited to do the same. I need to be able to say, “In my own life, I have come to personally experience all that the Church and the Scriptures proclaim. I am now a firsthand witness to Jesus, for I have experienced him personally in my life. I have met him in my prayer and in my experience. He is alive and real to me, and he is changing my life. I have done more than hear about the Lord; I have met him. I do not merely know about him, I know him.”
Do you know the Lord, or do you just know about him? Have you met him, or have you just heard about him? On Easter Sunday morning, we have observed a group of women go from the darkness of this world to the light of the Christian life. And what is Christian life? It is to be in living, conscious contact with God in my life. And to know, personally, the Lord of all glory. It is to be in a living and transformative relationship with the Lord Jesus Christ.

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“Al amanecer del primer día de la semana…”
Noten que cuando empieza este Evangelio de la mañana de Pascua, sigue estando bastante oscuro. Con esperanza, el nuevo día empezaba a amanecer. Pero entonces, ¡hay un gran terremoto! Por más aterrador que esto parezca, sólo sirve para atraer más profundamente a estas mujeres al misterio pascual y hacia Cristo resucitado.
A veces Dios debe sacudir las cosas para abrir nuevas puertas, y una nueva visión, en nuestras vidas también. Estamos en el amanecer de un nuevo día. Y así, este terremoto no es para destruir, sino para abrir la tumba que ha reclamado a nuestro Señor. Y abrir tumbas que nos han reclamado emocional, espiritual, mental y físicamente.
Note que las mujeres aún no han visto a Jesús, ni siquiera han oído que él ha resucitado. Sólo hay este terremoto. Pero tiene un propósito. Sin embargo, por ahora, apenas está amaneciendo y las cosas todavía no están claras para ellas.
“El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: ‘No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto.’
El ángel las invita a una fe más profunda. Él dice: “No teman.” Ahora, para la mayoría de nosotros, esto puede parecer una línea que a menudo oímos cuando otros nos perciben ansiosos. Y francamente, cuando otros nos dicen esto, es molesto e inútil. Pero en este caso, el ángel presenta una base para que su fe crezca y su ansiedad se disipe.
El decirles que no estén ansiosas o temerosas está enraizado en la promesa del Señor. El ángel les está recordando que el Señor había prometido resucitar al tercer día, y que él hizo lo que dijo. El Señor, que había resucitado a otros de la muerte y había curado multitudes, ahora ha hecho exactamente lo que prometió. El ángel las invita a crecer en su fe considerando la palabra de Jesucristo, y llegando a confiar en su promesa.
El ángel también les presenta evidencia: la tumba vacía. Las invita a conectar los puntos entre la promesa de Jesús y la evidencia actual de una tumba vacía.
Por lo tanto, cada vez se ve más claro, por el poder de la palabra de Dios, cuando lo van aplicando a su situación actual.
La ansiedad comienza a disminuir cuando comenzamos a conectar la palabra de Dios con lo que está sucediendo en nuestra vida. Empezamos a notar las tumbas vacías, las muchas señales del favor y la bendición de Dios. Las cosas comienzan a tener más sentido y comenzamos a conectar los puntos entre la fe y la experiencia. Y mientras hacemos esto, nuestra fe se fortalece.
Así, después de haber sido instruidas en el misterio pascual y de haber crecido más profundamente en su fe, las mujeres son enviadas por el Señor para informar a otros. Un aspecto interesante de la enseñanza es que a menudo aprendemos más cuando enseñamos que cuando aprendemos como estudiantes. Crecemos en nuestra fe cuando comenzamos a enseñar y dar testimonio de ella. Simplemente los actos de enseñar y dar testimonio nos hacen crecer.
Noten las palabras del ángel, un mensajero de Dios. La verdadera fe es recibida de Dios, no inventada por nosotros. No inventen su propia fe; ¡Esa es una muy mala idea! Recibimos la fe de Dios a través de la Iglesia, y a través de las Escrituras aprobadas por la Iglesia. Estas mujeres habían sido instruidas por el ángel de Dios, y sólo después de eso, se les dijo que fueran y dijeran a los discípulos. Nuestra fe proviene de lo que se oye y luego transmitimos lo que hemos oído.
Entonces, estas mujeres son enviadas. Pero tengan en cuenta que ellas todavía no han visto personalmente al Señor Resucitado. Eso viene después, cuando en el camino, tienen un gran encuentro.
“Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó.”
En este momento, pasan de la inferencia a la experiencia. La inferencia es saber algo basado solamente en lo que otros han dicho. Pero la experiencia incluye un testimonio personal. La experiencia significa que yo mismo puedo atestiguar personalmente la verdad de lo que proclamo. La inferencia es una etapa necesaria de nuestra fe. Pero el Señor nos invita más profundamente a experimentar personalmente la verdad de lo que la Iglesia siempre ha proclamado, y lo que las Escrituras siempre han anunciado.
Estas mujeres han oído del ángel que Jesús ha resucitado, y reciben la enseñanza con alegría. Pero, en el camino, en el camino de sus vidas, llegan a conocer personalmente al Señor Jesucristo resucitado. De repente, la verdad de lo que se les ha enseñado se hace muy personal para ellas. Lo experimentan como algo real. Han pasado de la inferencia a la experiencia. Y ahora ellas no sólo dirán lo que han oído de otros, sino también cómo han experimentado personalmente al Señor Jesús vivo.
Nosotros estamos invitados a hacer lo mismo. Necesito poder decir: “En mi propia vida he llegado a experimentar personalmente todo lo que la Iglesia y las Escrituras proclaman. Ahora soy testigo directo de Jesús, porque lo he experimentado personalmente en mi vida. Lo he conocido en mi oración y en mi experiencia. Él está vivo y es real para mí, y está cambiando mi vida. He hecho más que oír hablar del Señor; lo he conocido. No solo sé de él, lo conozco.”
¿Conoces al Señor, o simplemente sabes de él? ¿Lo has conocido o acabas de oír hablar de él? En la mañana del domingo de Pascua, hemos observado que un grupo de mujeres pasa de las tinieblas de este mundo a la luz de la vida cristiana. ¿Y qué es la vida cristiana? Es estar en contacto vivo y consciente con Dios en mi vida. Y conocer personalmente al Señor de toda gloria. Es tener una relación viva y transformadora con el Señor Jesucristo.

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